Los tatuajes (tercera parte)

Casi gran parte del día veo mi mano derecha, tanto por usar el mouse como para manejar el control de mi silla. Así que luego del colibrí quise hacerme algo en esa zona del dedo pulgar hasta llegar casi a la muñeca de mi mano. Hasta ese momento mis tatuajes (alitas, colibrí y cantuta) habían sido sin color y ahora ya se me antojaba ver algo colorido en una zona muy importante porque es casi la única parte de mi cuerpo que puedo mirar.

Un día fui a visitar a una gran amiga. Se acababa de mudar y yo quedé impactada porque toda la sala y comedor está rodeada por grandes mamparas que dejan ver su jardín en 180 grados. Mis ojos se iluminaron y me invadió una sensación de felicidad que aún puedo recordar. Ella, mi amiga, siempre fue una gran anfitriona, he conocido 3 de las casas donde ha vivido y una se siente acogida y yo, en particular, me quedo viendo cada detalle, sus muebles, sus enormes lámparas colgantes, su colección de búhos, sus floreros y adornos. Ella se percata de lo que llama mi atención y me va contando la historia del objeto y entonces quedo más enamorada cuando me cuenta de qué país lo trajo o cómo fue «encontrándolos». Su voz es cálida y es muy gestual. Hemos reído tanto tanto!

Bueno, tendría que escribir todo un capítulo de nuestra amistad, pero creo que escribiría solo de ella, de su energía desbordante, de su pasión por seguir aprendiendo a pesar de ser una mujer con mucha experiencia e investigación en nuestra cultura y en las zonas menos favorecidas del país. Con ella hice el mejor viaje de mi vida: nos fuimos a Buenos Aires en el 2006. Es un viaje que atesoro por muchas razones y sí, me da mucha rabia no volver a viajar, tomarnos un vino viendo un show de tango y meternos en la librería más hermosa del mundo. Y ese viaje fue uno de los miles para ella que se conoce todo pero sé que fue especial para las dos, sé que siempre habrá Buenos Aires para las dos.

Pues bien, les contaba de ese gran jardín de su actual casa, tiene floripondios, jacarandas, un cerco cubierto de madreselva y tiene lavandas. Ese día le pedí que me regale una ramita y por supuesto que ella escogió la mejor y más bella. Regresé a casa, le tomé una foto y se la mandé a la tatuadora: «ya sé que quiero, una lavanda».

Foto de encabezado: inspirada en el jardín de las deliciasla lavanda recién tatuada. Luego tuve que buscar a otra persona para que la retoque porque no quedó casi nada de la tinta al final. 

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Aquí mi lavanda,  ayudándome con el mouse, en una foto de hace un mes

 

 

6 comentarios sobre “Los tatuajes (tercera parte)

  1. Me quedé sin palabras al leerte Ana de mi corazón, y me quedo sin palabras pero con una emoción tan inmensa. No sé como describir lo que siento, alegría, nostalgia. Solo puedo decirte que estuve, estoy y estaré contigo siempre, siempre.

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